Cabildero Entona el Mea Culpa ante Comisión del Congreso
Jack Bonner, dueño de Bonner & Associates, la firma en cuestión, sin embargo, insistió ante la Comisión Selecta sobre Independencia Energética y Calentamiento Global que el envío de cartas a por lo menos tres congresistas fue simplemente “una anomalía” cometida por un empleado que ya había sido despedido.
La firma de agitación política envió las cartas como parte de una campaña de descrédito de la reforma energética emprendida en nombre de la industria carbonera, específicamente de un grupo cabildero inocentemente llamado Coalición Americana para la Electricidad de Carbón Limpio (ACCCE).
Las cartas usaron fraudulentamente el buen nombre de entidades y personas para oponerse al proyecto de reforma energético que ya aprobó la Cámara de Representantes el 26 de junio y ahora se debate en el Senado.
Como ya hemos informado anteriormente, una de las cartas provino de la organización comunitaria Creciendo Juntos, de Charlottesville, VA, de una tal Marisse K. Acevedo. Pero la carta, el nombre y el título eran todos falsos. El empleado de Bonner & Associates se inventó todo el cuento para influenciar al Rep. Tom Perriello (D-VA).
Ayer, Bonner insistió en que todo el escándalo fue obra de un solo empleado, pero nunca explicó convincentemente por qué esperó hasta pasada la votación en la Cámara Baja sobre el iniciativa energética, el 26 de junio, hasta notificar a los destinatarios de las cartas.
Según documentos presentados a la comisión, pese a que se enteró del envío de las cartas fraudulentas el 22 de junio, Bonner no notificó al Congreso hasta el 1 de julio, esperó hasta el 13 de julio para avisar a dos de los representantes destinatarios, Perriello y Kathy Dahlkemper (D-Pa.), y al tercero, el Rep. Chris Carney (D-Pa.), jamás lo llamó.
Bonner alegó que él desconocía la fecha de la crucial votación en la Cámara Baja sobre la reforma energética más profunda en una generación. La explicación llenó la sala de muecas de incredulidad entre varios miembros de la comisión, especialmente su presidente, Ed Markey (D-MA).
“La coalición carbonera estuvo dispuesta a pagar millones para vender un punto de vista, pero no a gastarse unos centavos para llamar al Capitolio y aclarar el asunto”, dijo Markey. “Este punto de vista se basó en tácticas intimidatorias y en estadísticas engañosas y no tuvieron nada que ver con educar al público sobre temas claves”.
Por otro lado, el líder de ACCCE, Steve Miller, y cliente de Bonner, se hizo el loco aduciendo estar “indignado”, que no tenía ni la más mínima idea de lo que se estaba tramando en su nombre y que no contactó a los congresistas engañados porque creyó que ya lo estaba haciendo Bonner.
El triste espectáculo de Bonner y Miller pasándose la papa caliente no hace sino acentuar nuestra indignación por el tipo de trucos sucios que están dispuestos a usar los opositores de la reforma energética.
Y la batalla en el Senado no ha hecho más que empezar.


