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agosto 02, 2010

Sierra & Tierra: El Incesante Asalto de la Codicia Petrolera

Por Javier Sierra

La catástrofe de BP en el Golfo de México ha debilitado uno de los ecosistemas más prolíficos del mundo. Asimismo, la audacia y la codicia que llevaron a la petrolera a perforar un pozo 50 millas mar adentro y a una milla de profundidad es resultado del sistemático debilitamiento de las regulaciones y salvaguardas que podrían haber evitado el desastre.

Durante décadas, la perniciosa influencia no sólo de BP sino de todas las petroleras ha socavado profundamente la única entidad que nos puede proteger de la codicia corporativa — el gobierno federal.

Cuando el público empezó a darse cuenta de que BP no tenía ni idea de cómo contener el pozo desbocado que manaba decenas de miles de barriles de crudo diarios, todos nos preguntamos, ¿por qué no hace más el gobierno federal? ¿por qué no se adueña de BP?

De repente, después de oír durante décadas que el gobierno era el problema, todos nos volvimos hacia él en busca de soluciones. Pero el gobierno federal entró cojeando en el escenario de este drama y demostró su impotencia ante la catástrofe. El país entero no tuvo más remedio que depender de los ineptos de BP que causaron el desastre para solucionarlo.

Este debilitamiento alcanzó su punto álgido durante la administración de George Bush y Dick Cheney, dos veteranos petroleros. Y la Comisión Especial sobre Energía de Cheney se convirtió en el principal motor de este debilitamiento.

Con la participación casi exclusiva de esta industria, y tras innumerables reuniones con BP, ExxonMobil, Shell, Chevron y otras, Cheney elaboró una de las políticas energéticas más desastrosas de la historia. Su principal resultado fue la Ley de Política Energética de 2005, la cual entregó a la industria, entre otros, los siguientes regalos:
  • La eliminación de regulaciones y salvaguardas, como partes de la Ley de Agua Limpia, que la industria consideró "onerosas".
  • La expansión de las perforaciones en las costas del país y otras zonas protegidas, como áreas cercanas a parques nacionales y terrenos federales sensibles.
  • $14,500 millones en reducciones fiscales e incentivos para una industria que ya estaba nadando en ganancias.
Pero quizá el legado más tóxico de los Petroleros de la Casa Blanca fue la corrupción en la Agencia de Gestión de Minerales (MMS), la entidad reguladora de la industria petrolera.

El compadreo reinante en la MMS es legendario. En 2008, una investigación federal descubrió que los reguladores estaban literalmente en la cama con los regulados, compartiendo drogas y alcohol como parte de "una cultura de vicio y promiscuidad", en la que los empleados aceptaban regalos "con prodigiosa frecuencia".

En un email a un ejecutivo de la Shell, una empleada de la MMS decía, "Eres tannnn maravilloso. Tú ya sabes lo mucho que te adoro".

El dinero tiene este asombroso poder de derribar puertas y descerrajar voluntades. Y la industria petrolera tiene tanto dinero, que se llama de otra manera, se llama poder. Entre 2001 y 2007, con la Casa Blanca y gran parte del Congreso en el bolsillo, las cinco mayores petroleras obtuvieron ganancias por un total de $556,000 millones, un aumento del 300% con respecto al 2000.

Entre 2001 y 2008, la industria petrolera y de gas invirtió cerca de $450 millones de dólares en cabildear al Congreso, y desde enero de 2009 hasta abril de este año, $215 millones, principalmente para obstaculizar la Reforma Energética que lleva 13 meses atascada en el Senado.

Las petroleras también saben cómo colocar con maestría a sus funcionarios más fieles en las posiciones claves de la burocracia federal y cómo recompensarlos. Dos ex directores y otros varios ex empleados de la MMS trabajan en esta industria. El 71% de los más de 600 cabilderos de la industria han ocupado puestos en la burocracia federal o trabajado en el Congreso.

El público, desprotegido contra los efectos de esta poderosísima relación incestuosa, tarde o temprano tenía que pagar las consecuencias. Así fue el 20 de abril, cuando la plataforma Deepwater Horizon estalló en mil pedazos, causando la muerte de 11 trabajadores y la peor calamidad ecológica en la historia del país.

Es ahora más que nunca cuando necesitamos el coraje de nuestros representantes en Washington. Ya es hora de acabar con nuestra adicción petrolera, con los escandalosos subsidios a esta industria, y de aprobar una Reforma Energética que, gracias a las fuentes de energía limpia y renovable, nos permitirá abandonar el petróleo en 20 años.

Ya es hora de acabar con este incesante asalto de la codicia petrolera.

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