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septiembre 22, 2010

Sierra & Tierra: Los Ceniceros Tóxicos

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Por Javier Sierra

El Sureste de Puerto Rico contiene algunos de los lugares más encantadores de esta Isla del Encanto. Sus playas, sus palmeras, su blanca arena y abundantes horas de sol, sin embargo, esconden una amenaza cierta a la salud de casi 100,000 residentes.

Se trata de centenares de miles de toneladas de cenizas de carbón que se han ido distribuyendo a lo largo y ancho de esta parte de la isla. Este subproducto de la combustión del carbón procede de una planta energética cercana propiedad de la multinacional Applied Energy Systems (AES).

Cada año, la planta genera unas 300,000 toneladas de cenizas, las cuales contienen metales pesados de gran toxicidad, como mercurio, plomo, bario, cadmio y otros. Y AES empeora la situación librándose de las cenizas de la peor manera posible: prácticamente regalándosela a las comunidades vecinas.

"AES no tiene absolutamente ninguna instalación para el desecho de las cenizas", dice Ruth Santiago, asesora legal del Comité Diálogo Ambiental y otros grupos comunitarios de la isla. "Todas las cenizas las distribuyen aquí para lugares de construcción".

La corporación "vende" las cenizas tóxicas a 15 centavos la tonelada como relleno para carreteras y otras construcciones.

"Es un regalo para librarse de ellas", agrega Santiago. "La corporación provee la transportación gratuita de las cenizas. Es un subterfugio para cumplir con una resolución de la Junta de Calidad Ambiental que exige que las cenizas se vendan a precio de mercado".

Los 15 centavos por tonelada son mucho menos que el valor de otros materiales de relleno.

Durante una reciente audiencia ante la Agencia de Protección Medioambiental (EPA), Santiago testificó que en un lugar de Puerto Rico, AES "vertió una virtual montaña de cenizas", un acto irresponsable parecido al que ocurrió en la República Dominicana en 2003, que le costó a AES varios millones de dólares en multas y compensaciones legales.

Pero en Puerto Rico, AES tiene las manos libres. Y esta falta de responsabilidades la acabarán pagando las comunidades aledañas, como Arroyo, Guayama y Salinas.

"En algunos lugares donde han enterrado las cenizas profundamente, han llegado por debajo del nivel freático del acuífero", advierte Santiago. "Eso quiere decir que esas cenizas ya están en contacto con el agua potable de la comunidad".

Pero incluso los residentes del área que reciben el agua de otras fuentes también están expuestos a las cenizas.

"Debido a los vientos y a que las cenizas se depositan sin cubierta alguna", explica Santiago, "hay lugares en los que se levantan nubes completas que exponen a la población a estas cenizas".

Lo que está ocurriendo en el Sureste de Puerto Rico se repite centenares de veces en comunidades de todo Estados Unidos. Las 500 plantas de combustión de carbón existentes en el país generan cada año 150 millones de toneladas de cenizas.

Al ser almacenados en estanques sin prácticamente ninguna protección, estos venenos llegan a fuentes de agua potable subterráneas y de superficie. Más de 100 ríos, arroyos y lagos ya han sido contaminados, y el número aumenta sin cesar.

Estudios de la Academia Nacional de Ciencias demuestran que estos almacenamientos de cenizas son tóxicos; y según la EPA, pueden aumentar los riesgos de contraer cáncer a 2,000 veces más de lo considerado aceptable.

Sin embargo, pese a su gran toxicidad, las cenizas de carbón están menos reguladas que la basura de nuestros hogares. No existen regulaciones federales para estos residuos, y más de dos tercios de los estados no requieren protección alguna en los estanques y depósitos donde se almacenan, como colocar revestimientos para aislarlas de las fuentes de agua potable.

Por fortuna, la EPA ha reconocido la toxicidad de las cenizas de carbón y está celebrando audiencias públicas, incluyendo una en la que testificó Santiago, para determinar si el gobierno federal debe adoptar regulaciones para proteger a nuestras comunidades y asegurarse del correcto desecho de estos materiales tóxicos.

Como era de esperar, la industria carbonera se está oponiendo con uñas y dientes a esta propuesta de la EPA. Esta actitud es especialmente indignante si consideramos que ya hay alternativas, incluyendo en Puerto Rico, a las terribles consecuencias de nuestra adicción a los combustibles fósiles.

"El Sureste de Puerto Rico es idóneo para la energía solar por la gran cantidad de horas de sol que recibe", dice Santiago. "Además, las brisas de la isla son ideales para la generación de energía de viento".

Ya basta de que la industria carbonera use a nuestras comunidades como sus ceniceros tóxicos.

Javier Sierra es columnista del Sierra Club. Sígale en Twitter @javier_sc.

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