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agosto 10, 2012

Refugiados en Sus Propias Casas: la Catástrofe de Chevron en Richmond, CA

La tarde del lunes, 6 de agosto, a los residentes, incluyendo decenas de miles de hispanos, de cuatro ciudades californianas — Richmond, North Richmond, San Pablo y El Cerrito—  se les instruyó que “se refugiaran en sus propias casas”, que cerraran las puertas y sellaran las ventanas para evitar que entrara el humo tóxico del enorme incendio en la refinería de Chevron. Por fortuna, sólo hubo heridos leves en la instalación. Pero para los vecinos de la enorme refinería de Chevron, “herido” es un término relativo.

Esta es una catástrofe medioambiental. Pero lo más importante es que este incidente fue una tragedia para miles de personas que no estaban seguras en su hogar. La columna de humo negro se elevó a una altura de 4000 pies (1200 metros) y podía verse casi desde cualquier lugar del Area de la Bahía.

Fue un alivio escuchar que se produjeran sólo dos heridos leves entre los 100 bomberos que combatieron las llamas durante cinco horas. Pero el San Francisco Chronicle informa que 1700 personas fueron atendidas en salas de emergencia debido a problemas respiratorios y vómitos en tres ciudades aledañas.

Chevron rápidamente emitió una disculpa por los “inconvenientes” a los vecinos de la refinería. Pero la idea de que no se pueda respirar en tu propia casa no es inconveniente, es aterradora. Ir a un hospital siempre da miedo, pero ver a cientos de personas en la misma sala de emergencia con síntomas similares a los tuyos mientras una nube negra se disipa encima de tu barrio, también es aterrador.

Esto es terror industrial debido a una larga lista de fracasos por parte de Chevron y sus reguladores de proteger al público. En 2012, Chevron accedió a instalar un sistema de monitoreo inmediato a nivel del suelo para detectar contaminación peligrosa cerca de la refinería. El estado ahora dice que hay escaso riesgo, pero es difícil encontrar algo que no se busca porque ese sistema de monitoreo nunca se instaló.

El martes, 500 residentes asistieron a una reunión comunitaria le hicieron a Chevron una pregunta ardiente: “¿Qué estamos respirando?” Chevron todavía no ha respondido. El grupo Global Community Monitor se ha ofrecido a comprobar los niveles de hollín. Esto lo debería hacer la comunidad, el gobierno local y el contaminador. Pero los optimistas comentarios de los dos últimos tras el desastre, despiertan graves dudas sobre la objetividad y buenas intenciones de sus análisis.

Un portavoz de la División de Seguridad Laboral y Salud de California dijo que, “Los investigadores nos han notificado que la respuesta de Chevron ha sido excelente”. Pero Chevron esperó dos horas para informar sobre el problema, pese a que se les exige que lo hagan inmediatamente, y, según el Mercury News, los sistemas de advertencia de emergencia fallaron.

Y para echar sal a la herida, Chevron y sus lacayos han empezado a culpar a los miembros de la comunidad que lograron detener una expansión de la refinería. Pero el Sierra Club, y los trabajadores de la instalación con quienes trabajamos cercanamente por medio de la Blue Green Alliance, sabemos que Chevron es el único impedimento para que se mejore la seguridad de su propia refinería.

Los residentes de East Bay —incluyendo Berkeley y Oakland, a donde llega el viento procedente de la refinería— tienen ahora que preocuparse debido a las consecuencias del humo y el hollín lleno de partículas, compuestos de azufre y otras toxinas que son altamente venenosas. Los más débiles entre nosotros, los que sufren de asma y otros problemas de salud que comprometen sus defensas, los más jóvenes y viejos, están más que incomodados. Esto también es aterrador.

El Sierra Club se une a Communities for a Better Environment en su exigencia de que Chevron y el Estado de California cumplan con estas demandas obvias:

  • Una investigación liderada por la comunidad y financiada por Chevron que explique qué falló y cómo se pueden evitar estos accidentes en el futuro.
  • Una mayor compensación a los miembros de la comunidad que vaya más allá de los costos de salud y de bomberos. Esta compensación debe incluir las pérdidas causadas por la clausura del sistema BART de transporte público.
  • Chevron debe dejar de culpar a todos por sus problemas. Este argumento, en palabras del organizador comunitario Andrés Soto es “falso” y “indignante”. “La unidad de crudo que estalló no tiene nada que ver con los planes de expansión de Chevron”, agregó Soto.

Otro grupo local, la Asian Pacific Environmental Network, resalta que “Chevron ha obtenido $13,700 millones en ganancias en los dos primeros trimestres de 2012. ¿Cuánto necesita para garantizar la seguridad de esta refinería?

En la instalación que más gases de calentamiento global produce en el estado, en un condado que genera más materiales peligrosos por persona y milla cuadrada que cualquier otro condado de California, Chevron tiene que hacerlo muchísimo mejor.

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