Sierra & Tierra: Enfermos de Codicia
Yudith Nieto no tiene tiempo que perder. Y como tantos otros jóvenes, se hartó de esperar a una sociedad que insiste en posponer el problema que va a definir a su generación y a generaciones futuras: el cambio climático.
Es por ello que Yudith —originaria de México e incansable defensora de la justicia medioambiental— está en la vanguardia de la lucha contra el cambio climático y la industria petrolera que bombardea diariamente su comunidad con ocho sustancias cancerígenas. Ella creció y vive en Manchester, el barrio más contaminado de Houston, una de las ciudades más contaminadas del país.
Manchester —el cual es 95% hispano— tiene también la mala fortuna de ser el principal candidato para la construcción del terminal del oleoducto Keystone XL, un proyecto que amenaza con transportar crudo bituminoso —el más sucio del planeta— desde Alberta, Canadá, hasta el barrio de Yudith.
Yudith Nieto, con pantalón nego y chaqueta blanca, es arrestada durante la protesta frente
a la Casa Blanca del 13 de febrero (Foto: Javier Sierra)
“Tenemos que encontrar la fuerza que todos debemos compartir para confrontar el racismo medioambiental en el que vivimos”, dice Yudith, quien junto a decenas de activistas fue arrestada el 13 de febrero durante una histórica protesta de desobediencia civil contra el Keystone XL frente a la Casa Blanca.
“Decidí demostrar mi solidaridad y apoyo a todos los que se resisten al oleoducto, desde la extracción al refinado”, agrega. “También creo que ayudará a defender a mi comunidad a amplificar sus voces, las cuales han sido ignoradas demasiado tiempo”.
El oleoducto —un proyecto que debe recibir la aprobación del Presidente Obama para ser construido— trasportaría millones de barriles de un crudo que contiene 20% más carbono que el convencional. Los científicos advierten que si se completa el proyecto, significaría un punto sin retorno en el desequilibrio climático del planeta.
El Departamento de Estado, en un reciente informe profundamente errado, indicó que el impacto medioambiental del oleoducto sería insubstancial pese a reconocer la extrema naturaleza tóxica de este crudo.
Sin embargo, lo que no indica el estudio es que, escandalosamente, partes de él fueron elaboradas por firmas con estrechos vínculos a la industria petrolera, incluyendo ExxonMobil, BP y Koch Industries. Esta última está profundamente involucrada en la producción y refinado de petróleo bituminoso canadiense, precisamente el que transportaría el oleoducto.
“Estos escépticos tienen que darse cuenta de que la voz del pueblo se va a imponer al ruido que generan sus engaños e ignorancia”, dice Yudith. “Es inmoral y severamente irracional negar la ley de la causalidad y pensar que nuestros actos no tienen graves consecuencias”.
Este proyecto sólo beneficiaría a la industria petrolera. El 90% del crudo transportado se dedicaría a la exportación, su impacto en el precio de la gasolina en Estados Unidos sería insignificante y la inmensa mayoría de los empleos que crearía serían temporales.
Además, el terminal de esta serpiente de avaricia se construiría en el barrio de Yudith, el cual ya sufre la mayor concentración de refinerías y plantas petroquímicas del país. Según un estudio de la Ciudad de Houston, las probabilidades de contraer leucemia en un radio de dos millas del Canal Mercante, una sección de Manchester, son un estratosférico 56%.
Pero el inmenso poder de las petroleras y las décadas de injusticias medioambientales que ha sufrido su comunidad no hacen mella en su determinación.
“De verdad creo que ésta es una oportunidad histórica para hacer a nuestra sociedad más próspera y justa”, dice Yudith. “Amor y compasión son los componentes más valiosos y una necesidad si queremos salvar nuestra civilización”.
Por fortuna para todos, gente como Yudith Nieto está en la vanguardia de la lucha contra la enfermiza codicia de la industria petrolera.
Javier Sierra es columnista del Sierra Club. Sígalo en Twitter @javier_SC


